Mi relación con Assassin’s Creed: por qué siempre vuelvo a una saga que me cansa

Hace unos meses supe que iba a viajar a Egipto y se me ocurrió una idea que, visto lo visto, dice bastante de mi relación con Assassin’s Creed: desempolvar la partida de AC Origins que llevaba abandonada desde 2017. No la empecé de cero, eso ni loco. Retomé por donde la había dejado, más de veinte horas dentro, y me puse a terminar un juego que en su día me había aburrido hasta el punto de quitármelo de encima.
Y funcionó. Subir al faro de Alejandría, perderme por la necrópolis de Giza, navegar el Nilo… y luego pisar esos sitios de verdad y reconocerlos. Esa es la razón por la que sigo aquí después de casi veinte años dándole a esta saga y quejándome de ella en voz alta. No es la historia, no es el combate, no son los personajes. Es que Ubisoft construye lugares en los que apetece estar.
El problema es todo lo demás.

Índice
- De Altaïr a Ezio: cuando la saga iba a algún sitio
- Los pecados que la saga lleva cometiendo desde hace una década
- El giro RPG me gustó, y aun así me sobra la mitad
- La vuelta por la puerta de atrás
- Unity y el mito del mejor parkour de la saga
- Lo que me trae de vuelta, y por qué también me entristece
- 30 horas, quizá 50. No 120.
De Altaïr a Ezio: cuando la saga iba a algún sitio
Mi historia con Assassin’s Creed se remonta a los tiempos de PS3. El primero fue rompedor en su momento —aquello de trepar por Damasco no lo hacía nadie—, pero se le veía el esqueleto enseguida: investigar, investigar, matar, repetir. Fue Assassin’s Creed II el que convirtió una idea interesante en una saga de verdad, y La Hermandad el que, para mí, sigue siendo la cima. Guardo un recuerdo excelente de toda la trilogía de Ezio, tanto que no he jugado ni pienso jugar los remasters de PS4. Hay recuerdos que es mejor no tocar.
Y luego llegó Assassin’s Creed III. Me pareció tan flojo que abandoné la saga durante años. Me salté Black Flag, Unity y Syndicate del tirón, sin mirar atrás y sin echarlos de menos.

Los pecados que la saga lleva cometiendo desde hace una década
Cuando anunciaron Origins y vi que volvían a una época antigua, piqué. Y a las veinte horas lo dejé. El motivo no era uno solo, eran los de siempre, los que se repiten entrega tras entrega y que nadie en Ubisoft parece dispuesto a mirar de frente:
El copia y pega sin filtro. La cantidad de interrogantes en el mapa es desmedida, y lo peor no es la cantidad: es que son el mismo interrogante una y otra vez. El mismo campamento, la misma cueva, el mismo puesto de vigilancia con el mismo capitán. Podría haber variedad, podría haber sitios únicos que merezcan el desvío. Valhalla mejora algo en esto respecto a los dos anteriores, y Mirage directamente reduce el contenido, que es la solución más sencilla y también la más valiente.
El combate. El giro que da la saga en Origins me parece acertado, pero insuficiente. Está bien planteado, pero se queda a medias: acaba siendo repetitivo y cansado porque el juego te empuja constantemente al combate abierto. Deberían planificar estos juegos con más infiltración y menos mamporro, y de nuevo creo recordar que Mirage lo entiende bastante mejor que sus primos mayores.
Las secundarias basura. «Mata al ladrón que me ha robado». «Este guardia nos maltrata». «Roba esto a no sé quién». «Busca a mi marido en esta cueva y tráemelo a caballo». Ni aportan nada a la trama principal ni se sostienen por sí solas. Son relleno con forma de misión, y hay cientos.
Los peajes de progresión. Que tengas que hacer contenido secundario para poder avanzar en la historia principal me parece un obstáculo innecesario y bastante feo. Si alguien solo quiere vivir la trama, dejadle vivir la trama. Es sistemático en toda la saga moderna y es de las cosas que más me han sacado de un juego.
El giro RPG me gustó, y aun así me sobra la mitad
Soy fan del RPG, así que el giro de Origins hacia el rol me pareció bienvenido. Lo que me sobra es la ejecución. La cantidad de equipo inútil que te suelta el juego es absurda: armas y armaduras que no vas a usar jamás y que existen únicamente para que las vendas o las desmontes, muchas veces porque hay un trofeo de farmeo esperándote al final del proceso. Y esto lo repiten en las tres entregas de la saga de Layla.
Pero lo que de verdad me chirría es el asesinato. Que un asesinato no sea instantáneo salvo que cumplas ciertos parámetros de nivel y equipo va contra la idea fundacional del juego. Quiero limpiar un campamento entero a base de sigilo, uno a uno, y el juego me dice que no: que hay un tipo enorme —que no es un jefe, ojo, es un soldado con más barra de vida— al que no puedo matar de una porque no tengo la habilidad subida, y que si lo intento se enciende la alarma y aparecen sesenta guardias más. Se supone que esto era un juego de infiltración. Deja que el jugador escoja cómo quiere jugar.
La vuelta por la puerta de atrás
Después de la decepción de Origins aparqué la idea de jugar a Odyssey y di la saga por perdida otra vez. No volví hasta tener la PS5 y ver Valhalla a buen precio. Y esa vez sí: me lo hice al completo en unas 120 horas e incluso me pillé el pase de temporada porque estaba de oferta. Adivinad cómo acabó. Tan saturado que lo dejé para más adelante, y ahí sigue.
No me malinterpretéis, tengo buen recuerdo de Valhalla. La ambientación vikinga me encanta, la recreación de una Inglaterra del siglo IX partida en reinos —con Alfredo el Grande y Wessex resistiendo al Gran Ejército Pagano— está muy lograda, el combate mejora bastante respecto a lo anterior y la historia, sin ser espectacular, entretiene. Pero es absurda e innecesariamente largo y repetitivo.
Tuve que dejar un año y medio de reposo para tirar hacia atrás en el catálogo: le di una oportunidad al Black Flag original y, dentro de mi relación de amor-odio con la saga, me gustó. Luego llegó Mirage, que compré en edición especial nada más salir y del que hablaré en un momento porque es la clave de todo esto.

Unity y el mito del mejor parkour de la saga
Y después probé Unity, del que se lleva años diciendo que tiene el mejor parkour de la saga. De verdad, no sé qué fuma la gente.
Me pareció un mojonazo. Historia pobre, un combate sin curva ninguna de principio a fin y un París que no me motivó a explorarlo ni de lejos como he hecho con otras entregas. ¿Y el parkour? Problemas para entrar por ventanas, imposibilidad de seguir la ruta que has trazado mentalmente porque el juego decide que en realidad querías hacer otra cosa, bugs de texturas y bloqueos del personaje que me obligaron a reiniciar el juego más de una vez. Ha envejecido tan mal que, aun teniendo Syndicate en la estantería, ahora mismo me niego a jugarlo.

Lo que me trae de vuelta, y por qué también me entristece
Y sin embargo, después de Unity volví a Egipto a terminar lo que había dejado a medias, y de ahí meses después acabo de hacer mi periplo por Grecia en plena guerra del Peloponeso. Origins me llevó unas 50 horas en total, Odyssey unas 60, Valhalla 120. Sumadlo: 230 horas para tres juegos que, en el fondo, son el mismo juego con distinto disfraz.
Aun así vuelvo. Y vuelvo por la construcción de mundo. Aquí quiero ser justo, porque es fácil decir «hacen mundos increíbles» y quedarse tan ancho. Lo que hace Ubisoft y no hace prácticamente nadie más es densidad histórica: el Ágora de Atenas llena de gente, los puertos con sus tinglados y sus barcas, los mercados con puestos y tenderos, las casas con objetos dentro. Comparadlo con un Ghost of Tsushima, que recuerdo con muchísimo cariño y con una paleta de colores preciosa, pero cuyos asentamientos se sienten mucho más vacíos en cuanto a elementos, gente y cosas con las que tropezarte. Nadie más te reconstruye Alejandría a escala y luego la llena.
Y precisamente por eso me entristece tanto lo que hacen con ello. Teniendo Egipto entero delante, con los dioses, los ptolomeos, décadas de inestabilidad y cambios de gobierno constantes, meten copia y pega hasta debajo de las piedras. El juego además da por sentado que sabes cosas que no te cuenta: yo tuve que investigar por mi cuenta porque soy curioso y me gusta la historia, pero el juego te mete en un momento importantísimo de la historia descontextualizadísimo. En Odyssey pasa igual: arrancas en las Termópilas y de repente estás en plena guerra del Peloponeso sin que nadie te explique qué está pasando. Ubisoft sabe que ese material es valioso, tanto que se lo sacó aparte en los modos Discovery Tour. Pues metedlo en el juego, que es donde está el jugador.

30 horas, quizá 50. No 120.
Mi propuesta no es revolucionaria. No hablo de tirar por la borda toda la trama de los Isu ni de reinventar la jugabilidad. Hablo de duración y de foco. Un Assassin’s Creed debería durar entre 30 y 50 horas, y dedicar ese metraje a lo que la gente lleva años pidiendo: mejor combate, más infiltración real y menos copia y pega.
Y sé que funciona porque ya lo hicieron. Mirage salió a precio reducido, con una sola ciudad, una historia con algún giro bastante chulo, misiones más entretenidas y, sobre todo, muchísimo menos relleno. Es de lo mejor que ha hecho la saga en años, y no por casualidad: es la única entrega moderna que decide restar en vez de sumar. Con Shadows la cosa no pinta a que hayan seguido esa fórmula: el propio director, Charles Benoit, habló de unas 50 horas de historia y unas 100 para verlo todo. Es menos que Valhalla, sí, pero sigue siendo un juego enorme.
Mi plan es revisar Valhalla, decidir si le meto mano a los DLC, volver a Mirage a por el contenido gratuito que sacaron y entrar en Shadows después. De Black Flag Resynced paso, igual que paso de Rogue y de los spin-offs de portátiles. Y aun así, me temo que voy a seguir volviendo, porque son juegos de poner el piloto automático, dar vueltas por el mapa completando objetivos y desconectar. Eso también tiene su valor, y no lo voy a negar: probablemente esa sea justo la razón por la que Ubisoft no tiene ningún incentivo para hacerlos más cortos.
Pero chicos de Ubisoft —ya sé que no me leéis—, echadle un ojo a las críticas antes de la siguiente. Es una saga con un potencial enorme que nunca han terminado de saber usar.
¿Y vosotros? ¿Sois de los que agradecéis 120 horas de mundo abierto para desconectar, o de los que firmarían mañana mismo un Assassin’s Creed de 30 horas sin un solo interrogante de relleno?
