← Mercado Muro
Opinión

El platino como viaje, no como trofeo

Victor Capelli julio 23, 2026 6 min de lectura

Este no va a ser uno de mis análisis habituales, así que dejadme arrancar distinto, casi con una confesión: lo que hoy es prácticamente un TOC —necesitar el platino de cada juego que de verdad me importa— empezó con un «qué pereza» descomunal. Porque eso de cazar platinos, la manía de exprimir un juego hasta su último trofeo, no siempre fue lo mío. Y precisamente por eso creo que vale la pena hablar de por qué no tiene por qué serlo de nadie.

Rebobinemos hasta la PS3. Termino Assassin’s Creed II, me asomo a la lista de trofeos y veo la de coleccionables que me quedan por delante: las cien plumas repartidas por media Italia, cofres, glifos… Y pienso, con toda la sinceridad del mundo: ‘qué pereza’.» Y ahí lo dejo. Eso sí, ya entonces me gustaba leerme la descripción de cada trofeo e intentar sacar los que se cruzaban en mi camino; lo que no tenía era esa necesidad enfermiza de completarlos todos que me acompaña ahora.

La primera vez que un trofeo me quitó el sueño

El clic llegó con las versiones de PS3 de God of War. Ver aquellas listas y pensar «esto hay que hacerlo». Y vaya si lo hice. Todavía tengo grabada una de esas noches en vela, con mi amigo Nieto al lado, rusheando el primero como un posesopara terminarlo en menos de cinco horas y llevarme La velocidad de Jason McDonald. Nada de explorar con calma: me salté ojos de gorgona, plumas de fénix y todo lo que hiciera falta con tal de que el cronómetro no me traicionara.

El platino como viaje, no como trofeo

Fue el pistoletazo de salida de mi enganche a los trofeos. Aunque, para ser justos, después de aquello la cosa se enfrió bastante. Cayó algún platino suelto, sí, pero nada digno de mención.

Los años del bucle infinito

Porque entre medias hubo otra vida. Unos cuantos años en los que le di fuerte a lo online: los inicios de League of Legends, distintas épocas de World of Warcraft, incluso unos meses muy intensos de Rust que acabaron por quemarme del todo. Probé Fortnite en sus primeras semanas y ahí lo tuve claro enseguida: no era para mí.

No me malinterpretéis, me lo pasé bien. Jugar en línea, en plan competitivo o cooperativo, es divertido. Pero casi siempre son juegos con poca historia detrás, poco que contar, bucles de dopamina diseñados para tenerte enganchado y que sigas ahí un día más. Son muchísimas horas. Y en algún momento me di cuenta de que el poco tiempo libre que tengo prefiero dedicarlo a lo que siento que lo merece, y a mí me tira más una buena historia, un juego con su principio y su final, que un bucle sin fin.

Que quede claro: lo entiendo perfectamente y de vez en cuando me sigo echando alguna. Me encantan los coops y las partidas sueltas a cosas como Civilization o los Heroes of Might and Magic (mítico, mítico el III). Pero prefiero invertir mis horas en otra cosa. Y respeto igual al que decide vivir en el FIFA o el NBA 2K de turno —mi propio hermano, sin ir más lejos—, en los juegos de coches o en el MMO que toque. Cada uno sabe lo que busca.

Y ahí está, para mí, la primera pieza de por qué esto de los platinos no es para todo el mundo.

La espiral: cuando cazar platinos se vuelve deporte

La fiebre de verdad me entró a finales de 2019, y fue culpa de un compañero de curro. Empezamos a picarnos a ver quién sacaba más platinos y aquello se convirtió en una espiral sin freno. Uno de los primeros que cayó fue el de The Witcher 3: Wild Hunt, todavía hoy uno de los platinos más raros de mi perfil según PSNProfiles.

El platino como viaje, no como trofeo

PSNProfiles, por cierto, es mi web fetiche para todo esto: llevar el seguimiento, consultar guías de trofeos perdibles, cotillear estadísticas. Si sois de los que disfrutan con los números, os la recomiendo; los trophy hunters de verdad la exprimen a fondo. Yo, honestamente, no llego a tanto. No me pongo a sacar platinos de juegos que no me interesan solo por engordar la cuenta. Para mí los trofeos son parte del viaje, una excusa para exprimir un juego que ya me tiene enamorado, no un fin en sí mismo.

Eso sí, cuando un juego me atrapa, me lo tomo en serio. En algunos casos, como Cyberpunk 2077 o los Dark Souls, he llegado a montarme mis propios Excels para no estar saltando entre guías cada vez que aparece un perdible. Por si le sirve a alguien, aquí dejo de ejemplo el que hice para Dark Souls II.

El platino como viaje, no como trofeo

Dónde pongo el límite

Aquí es donde quería llegar. Con el tiempo he aprendido que cada uno, según su personalidad, busca sensaciones distintas en su tiempo libre, y que la gracia está en encontrar el equilibrio entre pasártelo bien y meterte en un bucle peligroso. Hace nada desinstalé Magic: The Gathering Arena precisamente por eso: notaba que ya me quitaba más de lo que me daba. Y reconocerlo a tiempo también es parte del juego.

Con los platinos pasa igual, y encima hay un ingrediente extra: el diseño tramposo de algunas listas. El grind interminable, el multijugador que caduca y te deja el platino imposible, las dificultades artificiales, los trofeos absurdamente difíciles metidos con calzador. No todo merece tu tiempo solo porque tenga un iconito brillante al final.

Por eso, con los años, he ido soltando lastre. Algunos platinos los he descartado directamente; otros los tengo aparcados a la espera de tener ganas (el de Baldur’s Gate 3, madre mía, vaya tela de platino). Y algún juego lo he instalado y borrado a las pocas horas, como Sifu. Mi equilibrio consiste en exprimir a fondo solo lo que considero que me va a dar horas de calidad. Resident Evil 2 me parece un juegazo y no descarto rejugarlo algún día, pero, ahora mismo, prefiero probar el 3 antes que volver a pasármelo sin usar objetos de curación o solo con el cuchillo. Ese platino, sencillamente, no me compensa.

Y al final, cerramos el círculo con quella montaña de coleccionables de Assassin’s Creed II que me dio tanta pereza en la PS3 es, justamente, un ejemplo de manual de ese grind interminable del que hablaba.

El platino como viaje

Al final, creo que con esto pasa como con casi todo en la vida: no hace falta que a todos nos guste lo mismo ni que lo vivamos igual. Tanto a los que nos flipa cazar platinos como al jugador más casual nos vendría bien parar de vez en cuando y hacernos un par de preguntas honestas: ¿qué espero yo de esto?, ¿estoy gestionando bien mi tiempo de juego o me estoy dejando arrastrar?

Yo tengo mi respuesta, y por eso el platino, para mí, nunca ha sido el trofeo. Es el viaje.

El platino como viaje, no como trofeo

Victor Capelli

Bienvenidos a mi rincón de Mercado Muro. El RPG es mi casa, aunque juego de todo: si un juego es bueno, me da igual el género. Crecí con cosas como Final Fantasy IX y el God of War original de PS2, y de ahí no me he movido demasiado. Cuando analizo, me fijo en el conjunto y, sobre todo, en lo que un juego me hace sentir. Y lo hago desde la experiencia real: soy de cazar platinos, así que os hablo de los juegos después de exprimirlos enteros. Cero hype vacío, cero notas infladas. Por aquí escribiré reviews con mi sistema de cinco apartados y nota, además de artículos útiles y cobertura de tráilers y lanzamientos.

Ver todas las entradas →

Deja un comentario